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Tiempo de Cosecha en Santay
Ecuador | OM International
Por ocho años OM Ecuador y una iglesia local han estado ayudando a las personas viviendo en Santay, una isla al otro lado del Río Guayas en el puerto de Guayaquil, Ecuador. Por muchos años esta comunidad hundida en la pobreza ha sido ignorada por la sociedad local y por el gobierno.
Hasta tiempos recientes, el equipo ha estado desalentado por la falta de respuesta de los habitantes. Sin embargo, ahora se está viendo la mano de Dios en las vidas de las personas. Después de muchos años de siembra, parece que es tiempo de cosecha en Santay.
La sanidad lleva a la fe
Hace tres semanas, OMera Riana van der Berg y su colaborador Steve Cabezas de la iglesia, visitaron a un anciano en la isla, el Señor Modesto Arana. El Señor Arana tenía un dolor constante en sus piernas y no podía caminar desde hace 13 años.
Riana y Steve oraron con el anciano. “Le pedimos a Dios que lo sane y que le quite el dolor de sus piernas,” comparte Riana.
Una semana después, lo visitaron de nuevo. Cuando llegaron, descubrieron que el dolor se había ido y que por primera vez en 13 años, el Señor Arana podía pararse. “Estaba tan contento!” se acuerda Riana. “Oramos otra vez que Dios lo sane totalmente y que abra su corazón para aceptar a Cristo.”
Riana y Steve visitaron al Señor Arana aún otra vez. “Esta vez el oró y invitó a Cristo a su corazón,” dice Riana. “No podía dejar de llorar mientras que oraba. La próxima vez le llevaremos una Biblia y continuaremos apoyándolo en su relación con Dios.”
Salvada de las profundidades
OMera Tabitha Moore también fue testigo del cambio en otra vida en Santay. Elsa, una mujer quien había vivido en la isla por 30 años, tenía mucho miedo del agua, y nunca había aprendido a nadar.
Hace dos meses, Elsa se estaba movilizando de un lado de la isla al otro en una canoa pequeña con Eva, una madre joven, y la bebita de Eva. Mientras que remaban, una gran ola golpeó la canoa y la volcó tirando a Elsa, Eva, y la bebita por la borda.
Aunque no podía nadar, Elsa no tenía tiempo para pensar acerca de ella misma—una bebita necesitaba ayuda. Elsa comenzó a gritar para que salven a la bebita mientras que trataba de no ahogarse. Sin embargo, la bebita estaba atrapada debajo de la canoa. Elsa se hundió varias veces y estaba tragando agua, aunque seguía gritando a que salven la bebita. En este momento crítico, otra gran ola empujó la canoa lo suficiente y salió la bebita hasta la superficie. Eva agarró a su bebita y nadó hasta la orilla.
Pero Elsa se había hundido y pensaba que nunca más iba a subir a la superficie. “Elsa me contó que creía en ese momento que era el fin,” dice Tabitha. “Cuando se estaba preparando para morir, ocurrió un milagro. ¡De pronto salió a la superficie nadando!
“Elsa nos dijo que cuando llegó a la orilla, no había ninguna duda en su mente que Dios le había salvado a ella, a Eva, y a su bebita,” continua Tabitha. “Me contó que en ese momento sabía que Dios tenía un plan para ella.”
Elsa decidió que sólo asistiendo a los estudios bíblicos y sólo escuchando la Palabra no era suficiente. Comenzó a orar, no sólo en su hogar, pero en su comunidad. “Esto es algo que no se escucha comúnmente en Santay,” comparte Tabitha. “Dios tiene un gran plan para Elsa y Santay.”
Película Prueba de Fuego toca corazones
A veces Dios también trabaja a través de una película nota OMero Darío van Rensburg. El y el equipo visitó a una mujer en la isla, Verónica, y le aconsejaron acerca de su esposo y sus dificultades matrimoniales.
En la tarde dieron la película Prueba de Fuego en una escuela. “Un hombre habló conmigo acerca de cuanto significó la película para él y sus problemas matrimoniales,” se acuerda Darío. “Yo no sabía que era el esposo de Verónica.”
Semanas después, el equipo supo que esta pareja había estado a punto de divorciarse. Pero a través de la consejería, la película y las conversaciones, decidieron no hacerlo. “Y además de esto el hombre ha comenzado a leer su Biblia todos los días, y según su esposa, ha cambiado totalmente,” dice Darío.
Darío está muy contento con los cambios que el equipo ha visto en las vidas de los habitantes de Santay recientemente. “¡Es tiempo de cosecha!” el exclama. ¡Dios está respondiendo a los años de siembra, y está contestando nuestras oraciones. A El sea la gloria!”










