Arabian Peninsula

¿Qué tal si redefinimos la palabra, «misionero»?

October 21, 2019

Un pastor que sirve en la Península Arábiga, nos cuenta cómo los profesionales cristianos no son una clase diferente de misionero, sino que son el presente y futuro de las misiones.

Por casi 30 años, el Pastor Alan y su esposa, Susana*, de Estados Unidos han vivido en la Península Arábiga, donde él sirve como pastor: «Soy el tipo de pastor que se capacitó en un seminario y que recibe ofrendas para su sustento; es decir que fui formado y enviado a la vieja escuela. Al ser alguien que fue enviado bajo el modelo tradicional, sé que es un modelo que funciona, pero que el modelo en sí es limitado».

«Cuando pienso en la cantidad de misioneros que podemos enviar con este modelo de "envío y sustento" veo un techo, un límite», declara el pastor Alan. «Por ejemplo, si una iglesia en un país donde la situación económica no es tan favorable desea enviar un misionero a un país como los Emiratos Árabes Unidos, donde el nivel de vida es muy alto, lógicamente se pregunta: "¿Cómo podemos hacer como iglesia para sostener económicamente a esta familia, cuando necesitarían diez veces el salario de su pastor solo para vivir en el país de acogida?" No pueden».

«Pero si se mudasen para trabajar como profesionales, estos misioneros recibirían un salario por estar allí, e incluso podrían enviar dinero a su iglesia local para apoyar tanto a la iglesia como a los futuros misioneros». Si se elimina el problema financiero, no hay límite para la cantidad de misioneros de América Latina que podemos enviar».

El pastor Alan sostiene que enviar misioneros como profesionales es la mejor manera de servir en el mundo árabe. «Desde un punto de vista práctico, tiene sentido. Una persona no puede quedarse en la Península Arábiga sin una visa de trabajo y estos países no extienden visas religiosas como sí ocurre en otras partes del mundo, por lo que es necesario tener un oficio para conseguir un trabajo y contribuir a la comunidad».

«También creo que es la mejor manera de compartir a Jesús en esa parte del mundo. Lo hacen con personas que van a trabajar todos los días, que luchan con la misma carga horaria y en el mismo contexto laboral que ellos; comparten todo lo que implica la cotidianeidad y las personas que los rodean y que, por lo general, forman parte de su área de influencia, es allí donde se puede compartir el evangelio y donde el discipulado se puede dar de un modo natural».

«Creo que así es como Dios lo diseñó».

«También es un mejor modelo para el momento en que los misioneros llegan a su destino, porque es más natural. Dios nos ha dado dones para que los usemos y creo que en la Iglesia no siempre hemos reconocido del todo el modo en que Dios nos da habilidades que pueden usarse para compartir su persona con otros».

El pastor Alan continúa diciendo: «Dios nos da las habilidades necesarias para ser periodistas, doctores, maestros, plomeros, etc. Cuando usamos nuestros dones y habilidades, Dios es glorificado y la gente lo verá a través nuestro. El misionero también se gozará con esto, porque así es como fuimos creados: florecerán porque están haciendo algo que aman, ya sea trabajar con números, practicar leyes, ser entrenador de fútbol, peinar, ser taxista, médico, niñera, piloto, etc.».

«Los misioneros que salen al campo como profesionales no son misioneros de segunda clase. Tampoco son "la única opción que nos queda". Son el tipo de persona que queremos. Entonces, lo que le decimos es: "Toma lo que Dios te ha dado y, en lugar de hacerlo en casa, ¿por qué no lo haces en un país donde la gente no ha oído hablar de Jesús para que puedas ser luz?».

«¿Necesitamos pastores, líderes de jóvenes y líderes de adoración?, claro que sí», dice el pastor Alan. «Pero cuando lo piensas, estos también son trabajos reales».

«Necesitamos cambiar la mentalidad de lo que significa ser misionero, si solo pudiéramos deshacernos de la palabra "misionero". La vocación de misionero es simplemente la de ser cristiano. Es así de simple. Todos somos seguidores de Jesús, y Él nos dice qué hacer y a dónde ir. Y algunos de nosotros nos quedaremos en nuestro país de origen y otros iremos al extranjero. Es así de simple».

«La palabra "misionero" tiene una carga tan grande porque le ponemos nuestras propias definiciones y, luego, nos comparamos con esas definiciones y decimos: "Ese no soy yo". Me pregunto qué pasaría si dejásemos la palabra de lado. En algunos lugares del mundo, la palabra "misionero" puede tener una connotación negativa, mientras que en otros es un honor. Ninguna de las dos situaciones es deseable».

«En lugar de "Soy misionero", alguien podría decir, por ejemplo, "Soy un seguidor de Jesús y soy un especialista en tecnología que trabaja en la Península Arábiga". Está claro, es simple y es la verdad, y creo que es el futuro de las misiones para los menos alcanzados".

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*Los nombres han sido cambiados