Near East

Un paso a la vez

October 30, 2019

Un obrero de OM en el oriente próximo emprende aventuras para compartir el amor de Jesús con nuevos amigos que nunca escucharon acerca de Su amor.

“Ver el gozo en los rostros de las personas cuando conocen a Jesús por primera vez. Esa es la cosa más satisfactoria para mí cuando compartimos acerca de Jesús”, dijo Daniel*

El danés de 25 años de edad escuchó por primera vez a un adolescente ser llamado a las misiones a África y pensó: “Dios, ¿también querés que yo vaya?”.

Llevó algunos años más para que Dios respondiera a la pregunta inicial de Daniel, y a otras preguntas que surgieron en el camino como por ejemplo a dónde debería servir. Daniel creció en una linda familia cristiana en Dinamarca, donde asistía a la iglesia de forma regular y a una escuela dominical para adolescentes muy centrada en la Biblia y las misiones, así que la idea de servir a Dios no era nueva para él.

A pesar de eso, como un preadolescente, era amigo de y se juntaba con algunos compañeros a los que describe como no tan buenos. “Comencé a ir a fiestas y hablar inapropiadamente acerca de las chicas, y cosas así, pero tenía un sentir de profunda soledad. Tenía algunos amigos de la escuela con los que salíamos e íbamos a fiestas durante la semana, pero en los fines de semana estaba solitario jugando videojuegos”.

En un campamento de jóvenes a la edad de 14, Daniel se encontró con Dios de una forma totalmente nueva. “Durante una tarde de alabanza, uno de mis amigos vino a mí y me dijo que el Espíritu Santo estaba trabajando poderosamente y me invitó a una habitación para orar”, recordó Daniel. Mientras que varias personas oraban por él, se encontró temblando de forma descontrolada. “Tuve una visión acerca de mi pecho abriéndose y sombras de oscuridad saliendo de mí. Luego sentí el amor de Dios por mí en ese momento, y supe que yo era su hijo. Sentí una sensación de paz sobrenatural que me llenó”.

Un profundo sentido de soledad fue reemplazado por paz cuando tuvo ese encuentro con Dios aquella noche.

Daniel experimentó a Jesús como su amigo y Salvador ese día. “Mi padre trabajó mucho durante mi niñez, así que no lo veía mucho. También padecía mucho de migrañas, así que cuando estaba en casa, no estaba exactamente allí. Experimentar a Dios como mi Padre fue muy poderoso”.

Durante los próximos años, a medida que Daniel aprendía más acerca de su Padre celestial, tuvo la oportunidad de ir a viajes de servicio a India, Israel, Londres, Moldavia y Tailandia. “Estos viajes siempre fueron emocionantes y nuevos. No tenía problema con compartir acerca del evangelio en ningún lado, pero en casa siempre se sentía extraño. Quizás porque ya sabía cómo piensan los daneses: no me iban a prestar atención”.

De estos viajes de corto plazo, Daniel también aprendió que un nuevo lugar puede ser emocionante y divertido, y se sentía como un punto alto espiritual. Pero cuanto más largo se volvía el viaje, más desaparecía este sentir de alza espiritual. Fue a través de un mentor que Daniel se dio cuenta de que no necesitaba comprometer toda su vida entera a las misiones transculturales desde el primer momento. “Tenía miedo de que después de un mes me sintiera como que este no era el lugar correcto o que extrañaría mi hogar”, admitió Daniel. Fue más fácil para él tomar una decisión una vez que entendió que podía tomarse las cosas un paso a la vez y continuar escuchando a Dios para más dirección acerca del futuro. Decidió dar un paso de compromiso por un año con OM.

Ya hace varios años Daniel está sirviendo con OM en medio oriente discipulando equipos de hombres entre 18 y 25 años de edad, equipos que van viajando por el área. Estos equipos están compuestos por hombres apasionados, dispuestos a marcar la diferencia en una parte del mundo donde la mayoría de las personas tienen muy poco conocimiento acerca de quién es Jesús y de su amor por ellos.

“Estos equipos pueden hacer lo que obreros de corto y largo plazo no pueden hacer. Jóvenes con el entrenamiento en el idioma y en evangelismo, pero que no tienen familias, pueden viajar fácilmente e ir a lugares difíciles”.

Durante uno de sus viajes en la península arábiga, una conversación con un hombre local en las montañas, no estaba yendo como lo planearon. Daniel y el equipo percibían que este hombre estaba más interesado en debatir y discutir que en escuchar sinceramente. Eventualmente, el equipo decidió terminar la conversación e ir a descansar. Daniel tenía una última Biblia en su bolso y decidió dársela a él. De repente, el hombre dejó de discutir y se emocionó. “¡Él había estado buscando una Biblia para leer hace ya mucho tiempo!”

Daniel disfruta mentorear a los hombres en estos pequeños grupos, ayudándolos a aprender más acerca de sí mismos y su Padre, pero también mostrarles lo que pueden hacer para compartir de Su amor a otros. Él anima a los hombres a que uno o dos años después sirvan a Dios en alguna otra parte de la región como misión de largo plazo, para que puedan armar lazos más profundos con locales. Estos equipos proveen la oportunidad de conectar a jóvenes que buscan aventuras, como lo hizo Daniel, con los medios de comunicación para compartir el amor de Dios con aquellos que de otro modo nunca podrían conocerlo.

*nombre cambiado