Central Asia

¿Por qué nadie nos lo ha dicho antes?

May 07, 2019

Hablar de Dios no es el problema. Hablar de Jesús lo que puede desencadenar una reacción. "lo que hemos tratado hacer es llegar a hablar de Jesús lo antes posible porque Él puede ser la piedra de tropiezo o Aquel a quien ellos verdaderamente desean conocer," explicó la trabajadora a largo plazo Catherine*.

Ella y su esposo, Edward*, han pasado la última década trabajando específicamente con un grupo étnico no alcanzado en Asia Central. En este tiempo han aprendido su idioma, vivido entre ellos en las montañas, discipulado a los primeros creyentes identificados en ese lugar y, ahora, movilizando a algunos creyentes de la etnia de una ciudad más grande, para que vuelvan y compartan el evangelio con las personas de sus propias localidades remotas.

Cuando se mudaron a las montañas, Eduardo y Catalina no conocían a ningún creyente entre los miembros del grupo. Diez años más tarde, oyeron hablar de unas 15 personas que habían llegado a la fe.

El primer hombre que llegó a la fe abandonó la zona poco después de ser bautizado. Luego, dos hombres llegaron la fe a través de un programa de rehabilitación para drogodependientes en la capital del país. Algunas mujeres que crecieron en una ciudad más grande, donde cada una por su lado había oído hablar de Jesús, también regresaron a las montañas.

"Fuera de orar, realmente no hemos tenido un rol muy importante en que estas personas llegasen a la fe. Llegaron a la fe por otros medios", dijo Edward. Pero cuando él y Catalina se encontraron con los nuevos creyentes, sus años de perseverancia y estudio del idioma valieron la pena.

"Creo que uno de los privilegios de estar allí el tiempo suficiente para presenciar el regreso a la comunidad de algunos creyentes fue el solo hecho de estar allí para animarles. No conocían a otros seguidores de Jesús en la región. Habrían estado solos si no hubiésemos estado allí y si no los hubiésemos conocido. Aunque somos extranjeros, Dios nos dio el privilegio de discipularlos a medida que iban regresando", dijo Catherine.

Dado que algunos de los creyentes habían llegado a la fe a través de una iglesia en la capital en la que se hablaba ruso, Eduardo y Catalina los animaron a orar en su lengua materna, el idioma de su corazón.

"Es divertido orar con un creyente en el idioma local. Tener una conversación sobre Jesús en la lengua local es tan maravilloso". Fue muy alentador comenzar a toparnos con estos creyentes", nos dijo Catalina.

Pasar la batuta            

Hace poco, Eduardo y Catalina se mudaron a una ciudad más grande del país, con la intención de relacionarse con creyentes del mismo grupo étnico y movilizarlos para que compartan el evangelio con sus familiares y amigos. Otra pareja de obreros largo plazo de OM, David* y Ellen*, asumieron el liderazgo del equipo y así continuar el trabajo en las montañas.

Animados por el pequeño grupo de creyentes del lugar con los que ya se habían puesto en contacto a través de Eduardo y Catalina, David y Ellen aún anhelan ver más cosas. "El propósito de nuestro equipo es ver grupos familiares que sean culturalmente relevantes, liderados por personas de nuestra comunidad", nos compartió Ellen.

El equipo reportó que, en la actualidad, hay una sola pareja de creyentes. Algunos hombres se reúnen con sus hijos para estudiar la Biblia y orar, pero sus esposas no son creyentes. Las mujeres que siguen a Jesús están casadas con musulmanes, geográficamente aisladas y luchan por crecer espiritualmente.

Ya que el idioma que hablan los miembros del grupo étnico no está escrito, David y Ellen también continúan estudiando el vocabulario espiritual, contándoles historias bíblicas a sus ayudantes lingüísticos y buscando la mejor forma de explicar los conceptos del Evangelio.

"La población es musulmana; están familiarizados con los profetas. Han oído hablar de la historia de la creación y conocen a Noé, pero su conocimiento de [la Biblia] es bastante limitado", nos explicó Ellen. "He ido revisando estas historias utilizando ilustraciones de un libro de cuentos bíblicos y mi ayudante lingüístico está muy entusiasmada por conocer estas historias. Así que luego de cada historia, ya sea la creación, la Torre de Babel o Noé, ella me dice: '¿Cómo sigue?, ¿Cómo sigue?'"

Cuando llegaron a la historia de Abraham, la asistente lingüística de Ellen ya sabía del famoso profeta y de cómo es que casi llegó a sacrificar a su hijo, "pero no sabía que ellos habían esperado muchos años para tener un hijo o que un día, su esposa le dijo: "Creo que deberías buscar una segunda esposa", dijo Ellen. "Es fantástico ver la forma en que escucha estas historias por primera vez, muchas de las cuales nos resultan conocidas, y siempre dice: '¿Cómo sigue?'"

Ellen le regaló a su ayudante de lingüística una Biblia en el idioma nacional y, después de cada clase de lengua, marcó la historia que habían leído. Aunque la hija pequeña de la mujer la mantiene ocupada, Ellen nos dice: " Oro para que la lea".

Los lugareños comparten las buenas nuevas

Eliza*, una de las mujeres creyentes de la región que se mudó de nuevo a las montañas, comenzó a ejercer su profesión en su nuevo hogar. Luego, una iglesia de la ciudad le dio un subsidio para comprar más equipo y contratar aprendices.

Contrató a dos chicas de la comunidad, les enseñó su oficio y poco a poco empezó a hablarles de Jesús. "A veces veían películas sobre Jesús en el idioma nacional y ella les compartía su testimonio. Estaban muy asombradas de que ella perteneciese a su grupo étnico y que fuese creyente en Jesús", nos contó Ellen.

A medida que Eliza les compartía, les leía la Biblia a las niñas y les mostraba, a partir de la Palabra, quién es Jesús.

Uno de ellos se preguntó: "¿Por qué nadie nos dijo esto antes?".  "Hemos pasado toda una vida sin saber acerca de Jesús". Eliza también le entrego ambas aprendices el Nuevo Testamento en el idioma nacional, y una de las niñas lo llevó a casa y se lo enseñó a su padre; juntos lo leyeron y también miraron algunos DVD de la historia de Jesús. En base a las conversaciones que tuvieron, Eliza dijo que creía que ambas mujeres jóvenes decidieron seguir a Jesús.

"Son algunas de las primeras personas que sabemos que se han llegado a Cristo en nuestro pueblo mismo, que no fueron a otro lugar, sino que en realidad escucharon de Él a través de una persona de la comunidad y llegaron a la fe", enfatizó Ellen.

"Estas dos chicas estaban dispuestas", dijo Catherine. Y el rol que desempeñó Eliza fue crítico, recalcó. "Ella les habló tanto antes y de manera tanto más profunda. Les dijo: 'Dios las trajo porque sabía que estabas dispuesto para creer'. Nosotros nunca esta apertura, pero, ver a una hermana de la comunidad compartir el evangelio, fue muy emocionante".

Las dificultades para continuar

"El Reino de Dios es como una semilla que alguien plantó en un campo, y me pregunto: ¿Cuál es el proceso para ir de la nada hasta llegar a ver comunidades apasionadas de seguidores de Jesús?, ¿Para ir de la nada y de la semilla hasta el árbol donde los pájaros vienen y hacen sus nidos?". se dijo Edward.

Es un proceso largo y para este grupo étnico de Asia Central, "es algo así como que el brote apenas ha emergido de la tierra en lo que respecta al Reino". En este momento, es un brote muy jóven."

La 'Parábola del Sembrador' que Jesús narra en Mateo 13 enumera varios desafíos: las aves que se comieron las semillas, el suelo poco profundo que impedía que las raíces crecieran hondo, las espinas que asfixiaban a las plantas jóvenes. Del igual modo, los nuevos creyentes de Asia Central tienen muchos obstáculos que impiden que su fe crezca.

Para muchos de estos creyentes, el problema más grande es el aislamiento extremo en el que viven. Mientras Ellen, David y otros miembros del equipo de OM tienen la posibilidad de reunirse con algunos de los creyentes de la localidad, otros viven aún más aislados, a unos cientos de kilómetros de distancia del creyente más cercano.

"Estas personas, tienen realmente que confiar en Jesús. Son los únicos creyentes que hay allí", recalcó Edward. "Me dan una visión distinta de lo que es confiar en Dios cuando la cosa se complica. Nos rodeamos de una comunidad de fe; nos reunimos para orar; hacemos lo que nos lleva a la presencia de Dios. [En las montañas] no hay otras personas cerca; no hay una comunidad a la que puedan acudir; sus esposas ni siquiera son creyentes".

"A medida que las personas de la comunidad les comparten su fe a otros, o que nosotros mismo les compartimos, oramos para que los grupos familiares o las comunidades de creyentes se reúnan, que se reúnan en torno a la Palabra, de modo que esa sea su comunión, su comunidad y que ya no se trate de un creyente aislado que esté solo", nos explicó Catherine.

En una visita reciente, una de las creyentes en las montañas le pidió a Catherine que orase para que permaneciera firme. "Ella sabe que Jesús lo es todo para ella, y sin embargo dice: 'No estoy segura de poder lograrlo.' Tiene quien la anime. Se reúne con una de nuestras compañeras con frecuencia", dijo Catherine. "No sé lo que es estar tan presionada, a punto tal de case estar destrozada".

Otra mujer, cuyo esposo se convirtió recientemente en líder religioso, lucha por cultivar su fe a la luz de los desafíos en su hogar, describió Catherine: "Le pregunté: '¿Te sientes sola? Y ella respondió: 'No, yo sé que Dios está conmigo.'"

Sin embargo, ella depende de la Palabra de Dios (en su segunda lengua, el ruso) para nutrirse. Sin una comunidad que a quién responder, lucha por mantener su integridad. "Cuando no lee la Palabra, no ora, no comparte el evangelio", nos explicó Catherine. "Cuando no lee la Palabra, se desanima."

Ore para que los creyentes en este grupo lean fielmente la Palabra de Dios y encuentren aliento y fortaleza en Sus promesas. Ore para que los nuevos creyentes comprendan y acepten el sufrimiento como parte del contexto de crecimiento espiritual. Ore para que los grupos familiares lleguen a tener fe y puedan proveer una comunidad para las personas que viven aisladas.

*Los nombres han sido modificados por razones de seguridad