Arabian Peninsula

Un arquitecto explora cómo usar su pasión como misión.

June 11, 2019

Durante tres años, Gustavo (25 años) había querido ir a la Península Arábiga. Arquitecto de oficio, él estaba fascinado por el diseño y la construcción en esa parte del mundo.

Gustavo se convirtió a los 20 años y, a lo largo de su último año en la universidad, sintió el llamado de Dios a trabajar en la Península Arábiga. En un principio, comenzó a investigar la posibilidad de encontrar un trabajo allí, pero la logística de este plan le resultó abrumadora.

“Creí que era una locura. No tenía dinero suficiente. Así que, en ese momento, decidí abandonar ese sueño y olvidarme de él”, dijo.

“Dos años después”, continuó Gustavo, “fui al barco de OM, Logos Hope, durante su visita a América Central. Había leído en el periódico que la librería flotante más grande del mundo estaba en camino y decidí ir, para comprar libros sobre arquitectura.

En su visita al barco conoció a Nathan, el líder de OM en América Central, y a su esposa Ruth. Ellos lo invitaron a las actividades de OM y, luego, le preguntaron si quería servir en el barco cuando regresara a América Central. Él dijo que sí y, durante los fines de semana, participó en las actividades con niños y sirvió en la librería.

Un día, Gustavo asistió a una conferencia a bordo del barco titulada “¿Qué tienes en tus manos?” Durante la misma se introdujo la posibilidad de trabajar y misionar al mismo tiempo. Los oradores en esa conferencia eran de Chile, EE.UU. y la Península Arábiga.

“Cuando el orador de la Península Arábiga habló recordé ese sueño que tuve años atrás sobre ir allí”, dijo Gustavo. “Fue algo maravilloso. Pensé ´esto es para mí´. Terminada la conferencia hablé con él y me dio su contacto.”

“Desde ese momento mi corazón estuvo enfocado en ese sueño. Sentí un llamado más fuerte,” declaró Gustavo. “Así que, hablé con Nathan nuevamente y le dije: ´Esto es lo que está en mi corazón, pero no sé si deba ir a largo plazo ahora, o siquiera si es el tiempo indicado para ir.´ Nathan me habló sobre un diario de oración que hacen en la Península Arábiga dos veces en el año.”

Después de esa conversación, Gustavo comenzó a orar por un viaje a corto plazo.

“Un día le pregunté a Dios: ´Si esto es lo que quieres para mí, por favor respóndeme a través de tres personas diferentes que lo confirmen.´” Esto era muy importante para Gustavo, porque apenas había comenzado su propio negocio y tenía muchas oportunidades laborales; algo que nunca le había sucedido. De hecho, en los últimos dos meses había ganado lo mismo que antes ganaba en un año.

Así que, a diferencia de la vez anterior, Gustavo sí tenía el dinero para hacer el viaje. Pero aún no tenía una respuesta de parte de Dios.

En el curso de los siguientes dos meses, tres personas diferentes, que no se conocían entre sí, ni sabían sobre las oraciones de Gustavo, le mencionaron algo sobre la ciudad por la que él estaba orando para vivir. No fue un proceso sencillo y llevó mucho tiempo de confianza en Dios, porque la confirmación llego tan sólo un mes previo a su salida.

Al día siguiente, Gustavo comenzó a buscar información sobre la visa y los pasajes. Una vez más, experimentó los milagros de Dios en la provisión de una visa en 24 horas y un ticket de avión tan económico, que incluso su agente de viajes estaba perpleja. “Ella nunca había visto un precio tan bajo para ir a esa parte del mundo”, recordó él.

La Península Arábiga

“A bordo del Logos Hope”, recordaba Gustavo, “la tripulación habló sobre la iniciativa de OM en Latinoamérica ´¡Ellos son como tú!´. Su propósito es destacar las similitudes entre las culturas de América Latina y aquellas entre los menos alcanzados, incluso físicamente.”

“Fue una experiencia en primera persona para mí mientras iba camino a mi destino. Durante mi parada en España, un hombre comenzó a hablarme en árabe antes de que pudiera darse cuenta de que no entendía nada de lo que me estaba diciendo. También en la oficina de inmigración el oficial me preguntó de dónde venía. Cuando respondí ´América Central´ me dijo: ´no, originalmente ¿de dónde son sus padres?´ Le repetí que éramos de América Central. Él dijo que me parecía tanto a las personas de su país, que pensó que era de allí.”

Durante las siguientes semanas, Gustavo visitó áreas turísticas en el país donde estaba, caminando y orando por esos lugares. “No está permitido evangelizar abiertamente, allí”, dijo él, “orábamos en cada lugar en el que estábamos. Conocí muchas familias cristianas viviendo y trabajando allí, incluso de América Latina. Uno de los trabajadores latinoamericanos me compartió consejos sobre lo que iba a necesitar para quedarme allí a largo plazo: cómo compartir sobre la Biblia, cómo prepararse para el lugar de trabajo, ese tipo de cosas.”

“Me encanta la arquitectura de la Península Arábiga. ¡Me sentía como un niño en Disney World!”, dijo sonriendo. “En mi segundo día allí visitamos un lugar muy especial para mí: un palacio. Fue lo más maravilloso que vi en mi vida.”

“Unos días después, vi al hombre que había conocido en el barco. Él se acordaba de mí y estaba muy entusiasmado porque Dios estaba enviando obreros latinoamericanos a esa parte del mundo a través de sus profesiones. Incluso me presentó a uno de sus amigos, un ingeniero que también era cristiano. Comenzamos a hablar sobre la vida en la región, cómo es ser un arquitecto allí, y también me explicó cosas sobre el diseño y la construcción locales.

“¡Luego descubrí que él era el hombre que había diseñado el palacio! Sólo Dios pudo haber hecho eso.”

Este hombre también compartió algunos contactos con Gustavo, le pidió su número de teléfono y le dijo que se sintiera en libertad de llamarlo cuando lo precisara. “Me sentí tan agradecido; creo que esa conexión fue a través de Dios. Él es una persona clave en ese país y me estaba ayudando en mis primeros pasos para trabajar a largo plazo.”

De vuelta en América Central.

Ahora que Gustavo está de regreso en América Central ora por su vuelta a la Península Arábiga. “Estoy muy entusiasmado”, dijo. “Siempre quise hacer algo para Dios, por Su Reino. Y qué cosa tan maravillosa poder trabajar y servirle al mismo tiempo.”

“Ir como profesional es algo muy bueno, porque allí tienen muchas de las cosas más modernas en el mundo. Como profesional, puedes crecer en tus habilidades y ganar experiencia. Si puedes trabajar allí, puedes hacerlo en cualquier lugar.”

“Cuando regresé a América Central, vi un video de OM que me llamó la atención. Es una historia sobre un arquitecto en la Península Arábiga. De hecho, cuando lo vi, sentí que Dios me llamaba de vuelta. Durante mi viaje, Dios me enseño que no hay nada que pueda hacer sin Él. Quiero decir, puedes hacer cosas, pero con su ayuda será mucho mejor. Verás cosas que nunca has visto antes, como cuando conocí al diseñador del palacio.”

“También fue increíble conocer a otros cristianos en esa área. Ahora me siento con mayor confianza sobre mudarme a un lugar tan diferente y lejano”, compartió Gustavo.

El viaje de oración por su visita de corto plazo a la Península Arábiga ha avivado el fuego de aquel sueño que había tenido. Ahora espera en Dios lo que vendrá, dispuesto y entusiasmado de ver cómo Dios usará sus habilidades como arquitecto para Su gloria.

¿Has pensado alguna vez en usar tu profesión en otro lugar? Como arquitecto, Gustavo puede trabajar en cualquier lugar del mundo y, como cristiano, puede compartir el amor de Dios donde sea que esté. ¿Y si tú pudieras hacerlo también?

Para más información sobre cómo viajar como obrero cristiano profesional, contáctate con nosotros aquí:

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*el nombre fue cambiado por seguridad

A Kristen Torres-Toro le encanta contar historias sobre lo que Dios está haciendo en el mundo. Actualmente, ella sirve en el área de comunicaciones para OM en Argentina.