South East Asia

"¿Estoy confiando en el dinero o estoy confiando en Dios?"

June 16, 2020

Dora* estaba viviendo una vida soñada: tenía un trabajo bien remunerado, su propio auto, muchos amigos y muchos seguidores en Facebook. Luego de encontrarse con el amor de Dios a través de una misionera en México, comenzó a pensar en unirse a las misiones interculturales con OM en el Sudeste Asiático y abandonar su trabajo, para empezar a ser completamente dependiente del dinero recaudado a través de una red de apoyo. 

Al principio, ella se rehusó a renunciar a su seguridad financiera. Su pensamiento era: “Dios, tú te encargas de todo lo demás, yo me ocuparé del dinero", explica ella.

Sin embargo, al comenzar a leer acerca de la generosidad de las iglesias en el Nuevo Testamento, Dios empezó a cambiar su corazón.  “¿Estoy confiando en el dinero o estoy confiando en Dios?”  se preguntó a sí misma. Decidió dar un paso de fe y empezó a buscar apoyo. Dos meses después, Dora había logrado reunir todos los fondos que necesitaba y abordó un vuelo hacia el Sudeste Asiático.   

Ahora trabaja con una compañía que ayuda a varias organizaciones cristianas, la cual usa como plataforma para compartir de Cristo tanto a oficiales del gobierno como a sus compañeros de oficina. Cuando piensa en sus primeros pasos de fe, juntando fondos y mudándose a un país extranjero, puede ver la mano de Dios guiando sus decisiones. 

“No sabía que amaría la ensalada de papaya. No sabía qué me gustaría andar en un autobús público,” dice ella, parpadeando sus ojos azules. Pero Dios si lo sabía y esa es la razón por la que todavía estoy aquí.”

En el hogar de la infancia de Dora, un pueblo en Arizona que limitaba con la frontera mexicana, no había ensaladas de papaya.  Siendo la segunda hija mayor de una familia de diez hijos, y educada en casa, creció en una cultura impregnada del cristianismo, dice; llena de lecciones sobre el creacionismo y con un muro de Facebook adornado de versículos bíblicos marcados con un #bendecida. Ella lo recuerda como algo superficial, un cristianismo en el cual las personas asistían a la iglesia cada domingo para los lunes volver a sus vidas sin cambiar nada de ellas, y deseaba alejarse lo más lejos posible de eso.      

Poco después de haberse graduado de la secundaria en 2009, a sus dieciocho años, Dora se mudó a México. Allí abandonó cualquier sesgo de fe y persiguió una carrera en contabilidad, acumulando riquezas y estatus social. Sin embargo, a pesar de que lo tenía “todo,” ella dice que aún sentía un vacío dentro suyo. Pronto, la depresión inundó su corazón. 

Ahí fue que conoció a una misionera, una mujer joven que era su cliente contable. Cuando Dora vio el ministerio desinteresado de esa mujer, y el significado y propósito que inspiraba su vida, se desbarató su deseo de éxito y quedó ansiosa por algo más.

“Ella estaba viviendo del dinero de otras personas, pasaba el tiempo con personas con las que nadie más quería estar y, aun así, ella era muy feliz y yo no”, recuerda Dora. Dora entendió que lo que hacia la diferencia era el amor de Cristo. 

Empezó a perseguir ese amor en su propia vida. Un recorrido que primero la llevaría de vuelta a su casa en Arizona y, luego, al otro lado del mundo: al Sudeste Asiático; empoderada con la misión de compartir el amor de Dios con otros.

Ayudándonos unos a otros

Sentada en una sofocante habitación al lado de su pequeña oficina, Dora habla con un tono de voz calmo; pero cuando comparte temas que la etusiasman las palabras comienzan a escaparse de su boca, impulsadas por los gestos de sus manos (como un dedo golpeando la mesa, por ejemplo, o dos puños apretados en el aire).  

Reflexionando sobre sus tres años en el campo, ella señala que el continuo proceso de recaudar fondos es uno de los desafíos más difíciles que ha enfrentado, y es un aspecto de su vida misionera que debe rendirle a Dios continuamente. 

Cuando "te encuentras a ti mismo en una posición donde debes depender de otras personas, estás confiando que Dios cuida de ti; eso te da una lección en humildad", dice.

Aun así, ella dice que el proceso de encontrar una red de apoyo le ha dado mucho más sentido y propósito que si hubiera dependido de un salario regular. Le recuerda que su seguridad y su identidad surgen de su relación con Cristo, no de su trabajo o de su tramo impositivo, ni siquiera de su tarea en el Sudeste Asiático. Le enseña a confiarle a Dios su futuro y vivir para "lo que Dios tiene hoy para ti." Le da pequeñas muestras de cómo Dios provee de formas poderosas; como cuando una inundación sumergió los campos de arroz de muchos trabajadores locales de OM y un agricultor desconocido les regaló su cosecha excedente.

Ella también ve que recaudar fondos es una manera de darle a su comunidad natal y a su iglesia la oportunidad de involucrarse en las misiones a través de su ofrenda. Dora describe cómo muchos cristianos se acercaron a ella y la elogiaron por su valentía al convertirse en una misionera cuando volvió a visitar su iglesia natal. "Yo jamás podría hacer eso", le dijeron ellos. Pero su respuesta debe haberlos sorprendido. 

"Yo no podría estar aquí si no fuera por ustedes", les dijo ella. "Ustedes están confiando en Dios tanto como yo al dar su dinero." Su corazón se alegró al ver a muchos de ellos darse cuenta de que se habían convertido en socios en el esfuerzo por las misiones a través de la oración y la ofrenda. "Dios no quiere que seamos nuestra pequeña isla y que trabajemos solos, por nuestra propia cuenta", dice. "Él quiere que nos ayudemos unos a otros." 

Para el misionero que recién comienza y que se preocupa por cómo recaudar apoyo, Dora le ofrece un consuelo y un desafío: "Está en nuestra naturaleza humana el querer sentirnos seguros", dice, reconociendo que ella ha sentido ese mismo anhelo.

Pero, al igual que ese día cuando renunció por primera vez a su "vida de ensueño" en México, Dora dice que debemos preguntarnos: ¿dónde encuentras tu seguridad? ¿Es en Dios o en el dinero?

En cuanto a sí misma, dice que no se arrepiente de su respuesta a estas preguntas. Su seguridad reposa en Dios; el Dios que cautivó su corazón a través del inesperado desinterés de una cliente contable; el Dios que proveyó en el principio y lo sigue haciendo; el Dios que hace que lo imposible ceda ante Su voluntad.

"Nada es imposible con Dios", dice ella. "Dios es un Dios de posibilidades." 

*nombre modificado

Al igual que en muchos países, las medidas preventivas contra el coronavirus han generado que muchos negocios cierren y hay mucha incertidumbre respecto al impacto económico que habrá más adelante. La empresa con la que trabajaba Dora, así como muchos otros proyectos de empresas de OM que hay en el país, han tenido que cerrar sus puertas debido al coronavirus. El equipo de OM está buscando nuevas formas de servir, tratando de satisfacer las necesidades de aquellos que no tienen una fuente de ingreso durante estos días sin precedentes; ¡todavía hay oportunidades ministeriales para ver a Dios trabajando!