Greece

De refugiado musulmán a pastor cristiano

May 17, 2019
Solomon llegó a Grecia en 2016. Pero, no en la forma que la mayoría de las personas visitan esta hermosa isla en el Egeo. Solomon* y su hijo Hassan* tomaron la ruta peligrosa, junto con otros 68, lo suficientemente desesperados para probar el viaje por mar, y dejar todo lo que conocían y amaban. Él, como muchos otros, dejó a su esposa y cinco hijos para buscar seguridad y protección de los peligros en su nativo Afganistán. Afortunadamente, sucedió,que la guardia costera de Grecia interceptó su pequeño bote de goma y rescató a todos los que estaban a bordo. Bote tras bote lleno de gente llegan a la isla de Lesbos, por lo general, con demasiadas personas como para mantenerse a flote – muchos se ahogaron cuando sus botes se hundieron como resultado del desesperado hacinamiento en el navío inadecuado. Seguros, pero con enfrentamientos por delante A salvo en Lesbos, muchos enfrentamientos esperaban a Solomon de 38 años y a su hijo adolescente. Luego de ser registrados como refugiados, continuaron viajando hacia el continente, esperando finalmente encontrar refugio y mejores condiciones. Era Marzo; el clima aún era frío. Anhelaban una ducha, incluso agua fría sería suficiente. Sin embargo, el “refugio” en la ciudad portuaria era un almacén vacío. “Me sentí tan sucio, como si insectos estuvieran arrastrándose por todos lados,” recuerda Solomon, “pero las condiciones sanitarias eran básicamente inexistentes. Éramos 200 personas durmiendo en el depósito, aun así las noches eran congeladas.” Dos meses más tarde, la policía los movió a un campo de refugiados, les dio carpas para dormir y les proveyó de algo de alimento. La miseria de la vida como refugiado era casi más de lo que él podía soportar, y ahora incluso se había convertido en diabético sin dinero para medicación. Solomon se desesperó, lamentando haber dejado a sus amados en Afganistán, incluso aunque había tenido amenazas sobre su vida. El hecho de que trabajaba como traductor para extranjeros era suficiente para causarle serios problemas con el Talibán, y él sabía que solo era una cuestión de tiempo antes de ser arrestado o peor, si se hubiera quedado. Pudo contactar a un amigo en Afganistán y le pidió que orara. Anton hizo más que orar. Conectó a Solomon con un amigo en Grecia; este amigo era el líder de OM en Grecia, Gabby Markus. Su única esperanza Sucio, con olor, destrozado y decaído, Solomon se sentía muy avergonzado de conocer a Gabby, pero era su única esperanza para salir de esta situación. Habían acordado reunirse en una estación del subterráneo, por lo tanto, sin dinero, Solomon se escurrió dentro del tren, esperando no ser atrapado. “Gabby fue muy bueno conmigo”, dijo Solomon. “Hablamos un poco y caminamos hacia la oficina de OM. Gabby me preguntó discretamente si quería tomar una ducha. La oficina tenía un baño completo; toallas, jabón y shampú me fueron previstos, y ¡me quedé en ese baño por una hora! La primera ducha en meses, y con agua caliente, ¡se sintió como el mayor de los lujos!” El regalo Solomon había crecido en una familia musulmana y no tenía planes de convertirse en cristiano. Sin embargo, en Afganistán, había podido asegurarse un trabajo con una pareja coreana quienes estaban comenzando un negocio. Ellos, amablemente, lo dejaron dormir en su recinto, en una pequeña habitación cerca del guardia de la entrada. Luego de algunas semanas, la pareja le preguntó acerca de su fe musulmana, comentando que nunca habían visto orar a Solomon. El hombre le dio a Solomon un libro para leer, el cual Solomon dejó en el estante. Aun así, cuando su jefe, una semana más tarde, le preguntó si había leído el libro, él dijo, “Sí,” no queriendo ofender a su jefe. Pensó que tenía que mirar mejor ese libro. Después de todo, no tenía otros para leer y, tal vez, la siguiente vez su jefe le haría más preguntas. Le gusto lo que leyó, especialmente las partes donde Jesús hablaba de perdón y amar a los enemigos, sin mencionar que la oración y el ayuno debían ser en privado y no jactarse de ello. Incluso reconoció algunas historias del Corán. Además, estaba desilusionado con su fe musulmana, habiendo visto tanta lucha, tantos cuerpos muertos. ¿Cómo podían los musulmanes matar a otros musulmanes cuando todos creían en el mismo Dios? Compañerismo Un tiempo después, antes que la pareja coreana dejara Afganistán, le presentaron a Solomon otra mujer coreana quien le ayudó a ir más profundo en sus estudios bíblicos. A su tiempo, ella también lo conectó con un pequeño grupo de afganos seguidores de Jesús. Para Solomon, quien se creía el único afgano cristiano, fue una alegría absoluta. Solomon se movió a un trabajo de traducción en el hospital de la base del ejército estadounidense, donde notó cuan cuidadosamente los doctores norteamericanos trataban a sus pacientes. No era como nada de lo que había experimentado antes. Cuando le preguntó al doctor si era cristiano, el hombre rio y dijo: “¡Por supuesto, soy cristiano!” Su respuesta le dio a Solomon la confianza para compartir que él, también, era seguidor de Cristo. Fue invitado a unirse a un grupo en la capilla de la base, pero estaba reacio a ir. Muchos ojos afganos estaban vigilando; sería peligroso para el atender una reunión cristiana. Cuando logró ir en secreto, el doctor lo ungió con aceite y Solomon lloró y lloró. Se sintió como un bautismo, aunque el bautismo de Solomon en agua sucedería más tarde, en Grecia. Hora de dejar su amado país La amenaza de peligro seguía aumentando. Solomon había comenzado a trabajar para una ONG cristiana. Cuando un amigo fue apuñalado por trabajar para extranjeros, Solomon supo que era momento de huir de su país. De mala gana, lo discutió con su esposa, e hicieron planes. Solomon y su hijo adolescente llegaron a Irán. Luego, continuaron en taxi hacia la frontera de Turquía y la interminable caminata de 12 horas en la oscuridad y el frio de la noche. Juntos en un grupo de cien afganos, algunos muy débiles para caminar y necesitando ser cargados parte del recorrido, llegaron al otro lado de las montañas de Turquía. “Mi hijo,” contaba Solomon, “seguía sosteniendo mi mano, animándome a seguir adelante.” Más tarde, su esposa y cinco hijos más pequeños se mudaron a India, a salvo del Talibán. Como para muchos refugiados, la vida es difícil, y la separación dura para todos ellos. Trabajando para OM En Atenas, Gabby y Solomon se reunieron un par de veces, y Gabby le preguntó si estaría disponible para ayudarlos en la oficina. No podían pagarle mucho, pero la iglesia filipina que estaba cerca le proveyó alojamiento, y la vida comenzó a mejorar. Sirviendo por 18 meses con el equipo de OM, Solomon llevó a muchos afganos a la fe. Se bautizó y estudió para obtener su diploma en teología en la Universidad Bíblica griega, graduándose en enero de 2019. Su sueño es estudiar aún más y ser pastor. Discipulando a otros Actualmente, Solomon está sirviendo en dos Iglesias como en el café de OM, discipulando creyentes afganos e iraníes, predicando y traduciendo. También está enseñando inglés a refugiados a través de uno de los programas de OM. Con sus antecedentes, está trayendo su conocimiento musulmán en una forma que es única y que puede hablar en la vida de otros refugiados como nadie más. Añoranza La vida realmente ha mejorado desde aquellos primeros meses de desafíos. Sin embargo, como dice un proverbio afgano, “Una mujer es la mitad de tu fe,” lo que significa que solo juntos están completos. Solomon se pregunta cuanto más podrá seguir sin su familia, incluyendo la soledad, las tentaciones y el deseo de ser parte de la infancia de sus hijos. Y, por supuesto, ¡su esposa e hijos desean lo mismo! “Amo a mi país y mi gente,” comparte Solomon, “y oramos por paz en Afganistán. Mi esperanza es que un día pueda regresar y vivir allí, en paz, con mi esposa e hijos.” *Nombre cambiado por seguridad. El hijo mayor de Solomon, Hassan, aún está con él en Grecia. Por favor, ore por el resto de su familia para que puedan reunirse pronto. Ore por el ministerio de Solomon y el ministerio continuo con los refugiados en Atenas. Dios está haciendo un gran trabajo en esa ciudad, aun así hay muchas dificultades.